martes, 9 de agosto de 2016

ETAPAS DE LA VIDA





Ayer arrancó un nuevo ciclo en mi vida y la de mi madre. Porque fue el día en que tomé la decisión de llevarla a vivir a un geriátrico.
Es una opción tan discutible como personal. Creo que sólo los que pasan o pasaron por situaciones similares pueden comprenderla.  Los demás son de palo.
Llevábamos siete meses viviendo todos juntos en mi pequeño departamento: mi esposo, Daniel; mi pequeña hija, Noe, mi mamá, yo...y no olvidemos a la mascota de la familia: Aarón, claro.
Contemplamos distintas posibilidades durante estos meses, y lamentablmente mi mamá tiene poca voz y voto en la actualidad, ya que no es la persona que era: de ser una mujer optimista, generosa, ubicada, agradecida, inteligente, valiente, durante los últimos tres años, aproximadamente, la vimos convertirse en todos los antónimos de los adjetivos anteriores: pesimista, egoísta, no sabe bien dónde está ni en qué fecha estamos, le cuesta agradecer lo que hacemos por ella, está como atontada, a todo le teme...
Era muy difícil la convivencia con ella.  No sólo por lo que acabo de describir, sino porque su limitada movilidad y demás problemas físicos nos hacían casi imposible dejarla sola. Cuando lo hacíamos, no sabíamos bien con qué nos íbamos a encontrar al volver: podía estar caída en el piso, llorando angustiada...No le estábamos pudiendo dar el cuidado que necesitaba.
Después de dos semanas de visitar entre 3 y 4 geriátricos por día, y haber visto de todo (desde el lugar más tétrico al más lujoso, que ni siquiera llaman “geriátrico” sino “hotel asistido”), opté por uno que me pareció agradable como espacio físico y donde vi dedicación y preocupación de los que allí trabajan.
Ayer la llevé, engañada. No me dio opciones de hacer las cosas de otra manera, dadas sus amenazas tremendas en caso de que yo decidiera llevarla a un geriátrico.
Para mi sorpresa, una vez allí reaccionó sorprendentemente bien. “Sí, está bien, yo me doy cuenta...” Era demasiado hermoso para ser cierto, y no lo era. Su estado de ánimo va y vuelve. Cuando fui a la tarde a verla nuevamente, me llenó de reproches. Me fui hecha mierda.
Ni bien llegué a casa me llamó la encargada para decirme que mi mamá estuvo muy bien hasta que me vio.  En ese momento se transformó, empezó a llorar y a reprocharme todo.  Se lo creo, porque mi mamá ya no es como era.
Hoy volví a visitarla, y tuvimos una buena conversación. La dejé tranquila. Yo también me fui tranquila.
Más allá de sus manipulaciones emocionales, estoy bien. Sé que tomé una buena decisión para todos. Siento un gran alivio, como si hubiera recuperado una vida que durante 7 meses estuvo detenida.
Y ella está en un lugar con sus pares, con gente que se preocupa por ella y la atiende muy bien, en una habitación agradable que comparte con otra anciana. Allí tiene un balcón que da a la calle.  Abajo hay un amplio comedor que da a un parquecito muy acogedor.
Hoy cuando llegué a visitarla estaban terminando una actividad con la psicóloga. Vi eso y supe que comparado con verla en casa siempre tirada en la cama mirando la tele, esto era definitivamente mejor.
Estoy en paz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario